
Minuta Agropecuaria 11 May 2026
El reciente ajuste del Ingreso Mínimo Integral indexado a $240 ha generado un cambio en la dinámica de pagos del sector agropecuario. Para el Eco. Luis Barazarte, consultor agrícola y CEO de Consultagro, el impacto inmediato de esta medida no se refleja en el pasivo laboral estructural ni en la tasa de salida, debido a que el ajuste se maneja bajo esquemas de bonificación; sin embargo, la verdadera presión recae sobre la disponibilidad de efectivo mensual para el productor.
Barazarte explicó que el incremento del Bono de Guerra eleva el piso de negociación, ya que el personal ahora tiene la expectativa de estar por encima del nuevo mínimo, incluso en casos donde los empleadores ya pagaban montos similares.
Asimismo, recalcó que el impacto más significativo en la caja operativa viene dado por la Contribución Especial para la Protección de las Pensiones, la cual fija una alícuota del 9% sobre el total de pagos.
“En el sector agropecuario, donde los ciclos de caja dependen de cosechas y ventas de animales, cualquier incremento en remuneraciones genera un efecto directo sobre el flujo de caja operativo”, manifestó el especialista.
Ante este escenario, el economista aseguró que la prioridad absoluta debe ser proteger la caja y no comprometer el capital de trabajo.
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Para lograrlo, recomendó una gestión mucho más dinámica que incluya la reestructuración del flujo de pagos para priorizar actividades críticas de producción, el ajuste de los ciclos de cobranza para reducir cuentas por cobrar —entendiendo que en este entorno la liquidez vale más que el margen teórico— y la medición de rentabilidad por unidad productiva para saber exactamente qué lote o animal genera flujo positivo.
“Hoy la clave no es únicamente producir más, sino producir con eficiencia financiera”, afirmó Barazarte, quien además subrayó la importancia de que el productor se capacite para acceder a herramientas que le ayuden a monitorear sus números con disciplina.
Respecto a los retos del segundo trimestre, el consultor identificó como puntos críticos la volatilidad cambiaria, el limitado acceso al financiamiento agrícola y la rentabilidad real, debido a que el incremento de costos está absorbiendo la mejora de ingresos en muchos rubros.
En este sentido, advirtió que es fundamental monitorear la brecha cambiaria y la inflación en dólares, ya que cualquier presión sobre el tipo de cambio impacta inmediatamente en insumos y logística.
Finalmente, el economista sentenció que en la economía venezolana actual, la planificación debe orientarse primero a permanecer para luego capitalizar oportunidades. “Permanecer es un éxito; el productor que controle su caja mensualmente tendrá mayor capacidad de adaptación”, concluyó.