Cambiando el modelo productivo del cultivo de arroz

Ramón Bolotín: “El sorgo regresa al campo venezolano con tecnología de vanguardia”
octubre 24, 2026
Ing. MSc. Orlando Pérez  |  Gerente de Investigación y Desarrollo de Aproscello  |  3 de agosto de 2026

Durante décadas, la producción arrocera en Venezuela y el mundo ha dependido de un esquema convencional caracterizado por inundación permanente, uso intensivo de insumos químicos y una alta exigencia económica. Si bien este modelo cumplió su objetivo histórico de garantizar volúmenes de producción, en la actualidad evidencia signos claros de agotamiento. Estamos ante un escenario de elevados costos financieros y ambientales, acompañado por una caída en la productividad marginal.

En la Asociación de Productores de Semilla Certificada de los Llanos Occidentales (Aproscello), asumimos desde el 2020 el reto institucional de liderar una transición profunda en el cultivo de arroz. Frente a las crecientes amenazas del cambio climático, la variabilidad de los patrones de lluvia y la exigencia global de reducir la huella hídrica y la emisión de gases de efecto invernadero (como metano, bióxido de carbono y óxido nitroso), resulta impostergable migrar hacia un sistema sostenible, eficiente y rentable.

En nuestra Parcela Experimental, ubicada en los Puertos de Payara del estado Portuguesa, y mediante el seguimiento sistemático en fincas comerciales distribuidas en diversas zonas arroceras, hemos articulado un nuevo modelo de manejo integrado fundamentado en cuatro ejes tecnológicos complementarios:

  1. 1. Riego Intermitente o AWD (Alternate Wetting and Drying): Siguiendo las valiosas experiencias e investigaciones del especialista Dr. Germán Rico, estamos validado y adaptado a nuestras condiciones este sistema de riego intermitente el cual en la práctica permite un uso racional del recurso hídrico, logrando reducciones en el gasto de agua superiores al 25 % en comparación con el riego tradicional. Al alternar periodos de humedad con periodos donde el suelo se oxigena, transformamos un ambiente anaeróbico en uno aeróbico. Esto disminuye drásticamente las emisiones de metano y la huella hídrica, además de activar la biología del suelo y preparar las raíces para una mejor absorción de nutrientes.
  2. 2. Microorganismos Benéficos: Si no modificamos la gestión del agua, los beneficios de los bioinsumos se ven drásticamente limitados. Al oxigenar el suelo mediante el sistema AWD, abrimos la puerta para la incorporación efectiva de micorrizas, hongos entomopatógenos y bacterias promotoras del crecimiento aplicados a la semilla, al suelo y al follaje. Inspirados en los avances presentados en foros internacionales como los Congresos de Microbioma en Europa, empleamos estos bioinsumos para proteger biológicamente al cultivo contra plagas y enfermedades, potenciar el desarrollo radical y solubilizar elementos fijados en el suelo como el fósforo, haciéndolos asimilables para la planta y reduciendo la dependencia de fertilizantes sintéticos.
  3. 3. Programación Fenológica por Grados Días de Desarrollo (GDD): El manejo agronómico no debe regirse por días calendarios fijos, sino por la acumulación de calor que experimenta la planta. Adoptando el sistema DD50 —desarrollado por la Universidad de Arkansas y aprovechando las experiencias de investigadores de Uruguay— estamos calibrando el modelo de Grados Días de Desarrollo (GDD) ajustándolo a nuestras condiciones agroclimáticas para su adaptación en función de nuestras variedades. Esto nos permite predecir con exacta precisión las etapas críticas del cultivo, optimizando el momento justo para enmiendas nutricionales, protecciones fitosanitarias y el manejo preciso del riego.
  4. 4. Agricultura 4.0 e Inteligencia Artificial: La digitalización del campo complementa los pilares anteriores. A través de la integración de estaciones meteorológicas automatizadas, sensores de humedad de suelo y temperatura en diferentes estratos del dosel del cultivo, la disponibilidad de imágenes satelitales, el desarrollo de aplicaciones móviles (Apps) y herramientas de Inteligencia Artificial, realizamos un seguimiento exhaustivo y en tiempo real. Esta masa de datos permite diagnosticar anomalías antes de que sean visibles a simple vista y afinar las estrategias de manejo integrado con un rigor técnico sin precedentes.

La transición hacia este modelo no solo responde a un compromiso ambiental, sino a una estricta lógica económica. Al optimizar el uso del agua, incrementar la eficiencia en la fertilización y sustituir gradualmente insumos químicos por biológicos, disminuimos de forma directa los costos de producción, al tiempo que preservamos o incrementamos los rendimientos.

Cambiar la forma en que producimos arroz ya no es una opción teórica, es una imperiosa necesidad práctica. La investigación aplicada y los datos de campo demuestran que el conocimiento, la biología y la tecnología digital son hoy nuestros mejores aliados para garantizar un cultivo de arroz rentable, resiliente y respetuoso con nuestro entorno.

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