

Ing. Nicolas Echeverri – Gerente Comercial Grupo Innova
El arroz requiere la nutrición correcta, en el momento fisiológico exacto, captada por un sistema radicular sincronizado con el foliar que nutre una panícula cuyo valor se mide por la calidad y el peso de su grano. Esta premisa resume, en una sola frase, el cambio de enfoque que el cultivo necesita, qué es pasar de fertilizar por costumbre a nutrir con precisión.
Durante años, el manejo nutricional del arroz se ha apoyado en lo que podríamos llamar una «nutrición a la carta»: un análisis de suelos desde el punto de vista de fertilidad, un ajuste de fuentes y dosis, aplicaciones edáficas y foliares que cubren las curvas de absorción y extracción del cultivo, y finalmente la obtención de resultados en kilos por hectárea y calidad de grano. Es un esquema válido, pero incompleto, porque atiende la química del suelo sin atender su biología.
De la nutrición a la carta a la nutrición precisa
La nutrición precisa parte de la misma base de fertilidad, pero suma un elemento decisivo: el análisis de suelos desde el punto de vista microbiológico. A ese diagnóstico le sigue el ajuste de fuentes y dosis de fertilizantes químicos, el ajuste de dosis de consorcios microbianos y activadores metabólicos orgánicos, y la bioestimulación foliar y radicular de la planta, para finalmente obtener más kilos por hectárea y mejor calidad de grano. La diferencia es la que convierte una nutrición «a la medida» en una nutrición verdaderamente precisa.
Esa precisión se construye sobre tres pilares de bioestimulación: la siembra de consorcios microbianos que incrementan la masa radicular y la expresión foliar, las aplicaciones edáficas y foliares de activadores metabólicos orgánicos, y la estimulación biológica y orgánica de la semilla desde el arranque del ciclo. Al comparar el esquema tradicional con la precisa y bioestimulada, la diferencia se hace visible en cada etapa: donde el manejo tradicional aplica solo edáficos y foliares a la carta, el manejo bioestimulado suma bioestimulación de semilla, siembra de consorcios microbianos y un componente orgánico foliar adicional en panícula.
Qué buscamos al bioestimular
Bioestimular biológica y orgánicamente el cultivo tiene metas concretas y medibles: generar 1.000 metros cúbicos de suelo cubiertos por raíces con solapamientos inferiores al 30%, incrementar en un 30% la absorción de los fertilizantes edáficos y foliares aplicados, mantener las hojas bandera verdes en un 90% hasta el final de cosecha (el llamado stay green) y garantizar el soporte de 50.000 metros cuadrados de área foliar por hectárea sobre los 50 días después de siembra.
Cada kilo de raíces en peso seco, en suelo de paddy húmedo, es la base sobre la que se sostiene el resto del sistema.
Los resultados en campo respaldan el enfoque. En la zona de Calabozo (SRRG), durante el verano de 2025, lotes evaluados en distintas variedades y productores registraron en promedio 64,4% de blanco total en paddy, 47,6% de granos enteros y una producción promedio de 8.621 kilos por hectárea, con lotes que llegaron a superar los 10.000 kilos. Un dato se repite en todos esos lotes: un promedio de 4,3 centímetros cúbicos de cubrimiento de raíz por planta, la evidencia física de que el sistema radicular sincronizado del que hablamos al inicio es un resultado medible en campo.
El retorno de la inversión
La pregunta que todo productor se hace es si esta inversión adicional se justifica económicamente. La respuesta, en los casos evaluados, es contundente: la nutrición bioestimulada genera un retorno de tres veces la inversión inicial. Cada dólar invertido se multiplica por cuatro, con una ganancia neta del 300% por cada 500 kilogramos adicionales producidos. No es un dato aislado, ya qué el mercado mundial de bioestimulantes se proyectó en 4.800 millones de dólares para 2025, según MarketsandMarkets, lo que confirma que la tendencia hacia una nutrición más precisa y biológica no es una moda pasajera, sino una transformación real del manejo agronómico del arroz.
Nutrición correcta en el momento exacto, más bioestimulación, es igual a grano que pesa y vale más. Esa es, en definitiva, la ecuación que hoy debe guiar las decisiones de fertilización en el cultivo de arroz: no se trata solamente de aplicar más, sino de aplicar lo que la planta necesita, cuando lo necesita, con el respaldo biológico que le permite aprovecharlo al máximo.