
Ing. Agr. M. Sc. Werner Gutiérrez Ferrer
Es nuestra obligación en el momento que vive Venezuela el colocar sobre la mesa algunas verdades incomodas. Alejarnos del discurso adulador, para acercarnos a la reflexión seria y oportuna, apegada a los intereses de la nación.
Los invito a voltear la mirada a nuestro pasado reciente. Aquellos duros años cuando el venezolano, al no encontrar en supermercados o abastos la harina de maíz, y tener que soportar infinitas colas para acceder a alimentos, aprendió a valorar el trabajo del productor que desde nuestros campos insistía con admirable esfuerzo en mantenerse de pie.
Para quienes dirijan los destinos del país debe quedar “escrito sobre piedra”, la dura lección aprendida. Es imposible garantizar “seguridad y soberanía alimentaria” a nuestra población apostando al mañoseo y la trampa deimportaciones desleales. Es indispensable el apoyar e impulsar la producción nacional de alimentos.
Si en los momentos más complejos de la economía afirmamos, y la historia nos dio la razón, que el sector agropecuario era uno de los pocos con posibilidades ciertas de recuperarse, hoy podemos afirmar con absoluta certeza que estamos varios escalones más arriba en la empinada cuesta que nos toca transitar para salir del sótano en el cual fuimos sumergidos.
Con la mirada en el mediano plazo pudiéramos prever un escenario favorable si se profundizan los cambios estructurales en el modelo económico, político y jurídico del país. Se percibe con la debida cautela, una proyección positiva. El llamado para los que formamos parte del sector agropecuario es a no perder el impulso alcanzado.
La constancia es la clave. No cedamos los espacios conquistados “a sangre, sudor y lágrimas” en la opinión pública. Recordemos que en las encuestas de opinión, los gremios del sector agropecuario reflejaban uno de los mayores niveles de aprobación gracias a su correcto accionar.
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No permitamos que el país siga en el camino de la improvisación, en las acciones reactivas. Ante el anuncio del ingreso de importantes recursos por la exportación de crudo, no debemos desaprovechar una nueva oportunidad para “sembrar el petróleo”.
Estamos conscientes que la realidad es muy dura. Nos encontramos varios pasos atrás al compararnos con nuestros países vecinos en tecnologías y condiciones favorables para la agricultura vegetal, animal, acuícola y forestal.
El consolidar realmente una nueva etapa de crecimiento vertiginoso y sostenido, pasa por tomar las decisiones políticas, económicas y jurídicas acertadas para enfrentar tres desafíos fundamentales: la disponibilidad de financiamiento, la oportunidad de acceder a nuevas y eficientes tecnologías, y el tener un marco regulatorio que nos permita garantizar el suministro continuo a los mercados internacionales que demandan nuestros exquisitos productos.
No podemos concentrar nuestros esfuerzos y proyecciones solo en satisfacer los requerimientos de un mercado tan pequeño como el venezolano de 31.000.000 de habitantes. El verdadero mercado al que debemos apuntar es a los 9.500 millones de consumidores a nivel global.
Lo que puede inclinar definitivamente la balanza para bien o para mal es lograr construir ese escenario idóneo para dar un salto cuántico en productividad y producción, logrando asídespegar hacia un crecimiento exponencial.
Con las reglas actuales simplemente solo se permitirá “a golpe y porrazos” el continuar dando pequeños pasos, dejando injustamente toda la carga sobre los hombros de los hombres y mujeres del campo venezolano. De nosotros depende, no esperemos que las oportunidades caigan del cielo.