La reconstrucción institucional del país y el rol del sector agrícola.

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octubre 16, 2026

Prof. Nerio Naranjo M.
Docente titular de la UCLA – Ex Decano de Agronomia.

Existe un elevado grado de conciencia en todos los sectores del país, sobre lo inviable que sería intentar estabilizar y hacer crecer una economía en forma sostenible y con capacidad de impulsar con equidad y eficiencia un desarrollo integral de toda la sociedad, si no contamos con un marco institucional que canalice la confianza ciudadana y restablezca una visión país de largo plazo donde crezca la esperanza y se concentre el esfuerzo productivo.

Un marco institucional es mucho más que un conjunto de organizaciones funcionales con roles específicos, es mucho más que un marco de leyes y de políticas públicas. Las instituciones representan los valores, las creencias y la visión ciudadana del país que queremos. Por eso la institucionalidad se concentra en la justicia, el estado de derecho, la educación, la seguridad alimentaria y la calidad de vida de los ciudadanos, y cuando una ley o un organismo se coloca de espaldas a la conciencia nacional, termina siendo letra muerta, expectativa frustrada, ineficiencia social, y todos sabemos que  como país nuestra historia esta cargada de ejemplos de esa naturaleza.

Cuando las instituciones se relegan ante los liderazgos personales y ante el poder, mientras la sociedad es indiferente o hace silencio por miedo o comodidad, entonces entramos en un perverso ciclo histórico de deterioro de la integridad nacional que nos lleva al colapso social y a la anarquía. En Venezuela hemos vivido ese proceso, con gradualidades distintas, en los últimos 50 años, hasta llegar a la gravísima situación que vivimos hoy.

La corrupción generalizada, el clientelismo, la desconfianza y el individualismo, la viveza criolla, la especulación y la riqueza fácil y el cortoplacismo, entre otras enfermedades sociales, han permeado el marco institucional y han creado un círculo vicioso de carácter estructural que constituye hoy nuestro principal desafío para el cambio cualitativo hacia el país que todos deseamos.

Es por eso que la reconstrucción institucional va mucho más allá que derogar y crear nuevos organismos y leyes, que de poco serviría si no los acompaña un liderazgo colectivo (no necesitamos liderazgos mesiánicos), éticamente solido, con la fuerza para convocar un proceso de reeducacion nacional a todos los niveles, con una renovada visión del desarrollo nacional (con énfasis en lo productivo) que nos una como país y con una honestidad inquebrantable capaz de modelar y alinear a las mayorías nacionales que están esperando ser convocadas. Porque esas mayorías hoy, sin duda saben, que los buenos son mayoría y no están dispuestos a dejarse silenciar nuevamente.

Después de la experiencia vivida rogamos a Dios que hayamos aprendido la lección, pero el trabajo que viene no será fácil, y la batalla por esa reconstrucción institucional, se librará en todos los ámbitos del país. En las familias, en las escuelas, en las empresas y las universidades, en los sindicatos y las iglesias, en las asociaciones de empresarios y agricultores, en las asociaciones de vecinos y en la conciencia de cada ciudadano.

El reto será sin duda alguna es construir y apropiarnos de un nuevo marco institucional para un país de ganadores. No es viable un modelo basado en centros de riqueza rodeados de miseria y depauperación. Necesitamos un desarrollo económico de oportunidades y acceso real, para que cada uno de acuerdo sus talentos y esfuerzos tenga igualdad de oportunidades.

Y en esta etapa retadora y creativa de reconstrucción nacional, el sector agrícola tiene mucho que aportarle al país. Nadie sabe mas que nuestros ganaderos y agricultores sobre sembrar y perder la cosecha, y luego levantarnos y volver a intentar. Ningún otro sector tiene mayor identidad y compromiso con la tierra y con la vida que nuestra gente del campo. Desde el sector agrícola tenemos décadas luchando ´por una insitucionalidad que promueva lo nacional y la seguridad alimentaria basada en la competitividad.

La gente de nuestros circuitos agrícolas tiene mucho que enseñarnos sobre las bondades y los tropiezos en el camino de la asociatividad como forma de trabajo y progreso. Es difícil encontrar otros sectores que hayan sumado mas a la lucha por la gobernabilidad desde el mundo rural que los productores venezolanos con su presencia y resiliencia, y en fin; en nuestro sector se reúnen la fuerza de la fe, la constancia y la dignidad de lo productivo, que tanto se necesitara en ese enorme salto cualitativo que como país nos proponemos dar para adentrarnos con éxito en este complejo siglo XXI.

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