
Minuta Agropecuaria 21 Jun 2026
Las calles de Calabozo, en el estado Guárico, se convirtieron en el escenario de una masiva movilización, donde decenas de productores agrícolas sacaron sus tractores para alzar la voz contra la crisis terminal que vive el circuito arrocero nacional.
El gremio sostiene que el ingreso masivo de cargamentos extranjeros echó por tierra el esfuerzo de todo un ciclo, asfixiando las posibilidades de comercializar la cosecha llanera en el mercado interno.
El descontento quedó plasmado en consignas contundentes que los manifestantes fijaron en sus unidades, tales como: «El agricultor siembra, cuida y pierde, y al final el que gana es el que nunca sembró» y «La agricultura de puerto acaba con la producción nacional».
Los afectados explicaron que el arribo de estos contingentes importados ocurrió precisamente cuando el campo venezolano se encontraba en el pico de su recolección interna, lo que provocó una caída abrupta en los precios y dejó a los trabajadores de la tierra sin margen para recuperar el capital invertido.
En medio de las protestas en la entidad guariqueña, los manifestantes señalaron de forma directa al ministerio de Agricultura, a quien atribuyen la autorización y el ingreso de estas compras de arroz en el exterior justo cuando el inventario venezolano esperaba por ser colocado en los canales de distribución.
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Ante este escenario, el gremio arrocero exige al Ejecutivo nacional el diseño urgente de un plan de compensaciones económicas por las pérdidas sufridas, así como la aplicación inmediata de medidas arancelarias y comerciales que den prioridad absoluta al productor venezolano.
Voceros del sector sostienen que el país necesita con urgencia una definición de políticas agrícolas sustentables que fortalezcan y protejan de manera real el circuito nacional. Advirtieron con preocupación que, de mantenerse este tipo de importaciones desleales en épocas de cosecha, muchos agricultores se verán obligados a abandonar definitivamente la actividad productiva.
Esta parálisis masiva de unidades de producción comprometería de forma severa la seguridad alimentaria del país y el futuro económico del campo venezolano, el cual sigue luchando por mantenerse a flote con recursos y pulmón propio.