

Minuta Agropecuaria 28 Mar 2026
El cierre del ciclo de foros del Expo Congreso abordó el desafío más impredecible para el sector primario: la meteorología. Bajo el panel “Más allá del pronóstico: parámetros críticos para el diagnóstico agroclimático”, el meteorólogo Luis Vargas presentó las proyecciones para el periodo de lluvias 2026 en Venezuela, advirtiendo un cambio drástico en los patrones de precipitación debido a la disipación de “La Niña” y la inminente llegada de un «Niño Global».
Según Vargas, los modelos de predicción internacional coinciden en que la fase de “La Niña” culminará alrededor del 9 de abril, dando paso a una breve etapa neutral. Sin embargo, a partir de mayo de 2026 y con proyecciones hasta inicios de 2027, se consolidará el fenómeno de “El Niño”.
El especialista aclaró que, aunque no significa que dejará de llover, históricamente este evento reduce los niveles pluviométricos por debajo de los mínimos normales. “El modelo muestra que junio tendrá precipitaciones inferiores a lo habitual y, para agosto y septiembre, la probabilidad de déficit hídrico es del 70%, con temperaturas bastante extremas”, alertó Vargas, comparando este escenario con la acentuada sequía vivida en 2023.
El foro también contó con la participación de Renny Ledezma, quien enfatizó la importancia de la recolección de parámetros técnicos en las unidades de producción. Ledezma manifestó que para mitigar riesgos no basta con decir que “llovió bastante”, sino que es vital cuantificar los milímetros exactos mediante radares, sensores de suelo y medición de radiación. Resaltó que contar con una data histórica de más de 20 años permite a los productores de maíz y arroz tomar decisiones basadas en probabilidades reales y no en percepciones.
Otras noticias: Digitalización y algoritmos: El nuevo estándar agrícola para transformar datos en rentabilidad
Por su parte, el especialista Rafael Rodríguez instó a los agricultores a convertirse en “gestores de incertidumbre”. Rodríguez afirmó que la clave del éxito para este ciclo será sembrar únicamente cuando las condiciones de temperatura y humedad estén dadas, de manera que la fase crítica del cultivo coincida con la disponibilidad hídrica necesaria para garantizar la producción.
El panel concluyó con una premisa contundente: el clima no se adaptará al productor, sino que es el sector agrícola el que debe adaptar sus procesos a estas anomalías térmicas para sobrevivir en un entorno de alta variabilidad climática.