De caminos escabrosos a la autopista de la Ruta de la Soya

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Pedro Raúl Solórzano Peraza
Septiembre de 2018.

Los caminos escabrosos de la soya datan desde los años cuarenta del siglo XX, cuando la soya fue objeto de los primeros trabajos de investigación en Venezuela. Luego, en los años sesenta por medio de la empresa Protinal, C.A. se intensificaron evaluaciones de cultivares de todo el mundo, y se pudo seleccionar solamente una variedad, la Improved Pelican del sur de los Estados Unidos, ya que los materiales genéticos en su totalidad habían sido desarrollados para regiones de clima templado, para los días muy largos del verano. Luego, con esta variedad, se realizaron siembras comerciales de soya en algunos lugares con resultados bastante satisfactorios.

A partir de la década de los años setenta se ampliaron programas de investigación, de evaluación de variedades, de producción de cultivares por medio de programas de mejoramiento genético con mejor adaptación al clima tropical, producción de inoculantes, evaluaciones agronómicas en general para desarrollar tecnologías de producción específicas para nuestras regiones agrícolas y nuestros productores. En esta etapa tuvieron participación activa Protinal, C.A., Fusagri y Fundación Polar, así como universidades y FONAIAP que siempre mantuvieron programas con este cultivo. Posteriormente, a comienzos de este siglo, se incorpora Agroisleña, C.A a intentar promover e incrementar las áreas sembradas con soya en el país.

A pesar de haberse realizado tantos intentos para que la soya se convierta en un cultivo importante en el país, muchos se preguntarán: ¿Por qué no se ha tenido éxito? En mi opinión, que he transitado la ruta de la soya por más de cincuenta años, hay dos razones fundamentales. La primera, las políticas agrícolas en un país que ha vivido por casi un siglo a expensas de la renta petrolera, han sido fatales, no solo para la soya si no para la agricultura venezolana en general. La otra razón que ha atentado contra el desarrollo de la soya en el país, ha sido que los agricultores no llegaron a interesarse masivamente en el cultivo, con la excepción del programa de Agroisleña, C.A que incorporó a ciertas asociaciones de productores organizados.

En la actualidad no podemos esperar nada bueno en cuanto a políticas agrícolas, y para aseverar esta afirmación tomemos como ejemplo lo anunciado por el régimen en febrero de este año: en boca del militar que está al frente del Ministerio de Agricultura, pudimos escuchar durante la Edición 74 del programa Cultivando Patria, que “Venezuela sembrará 300.000 hectáreas de soya en 2018. Es el objetivo de siembra de soya que tiene planificado el gobierno bolivariano para 2018”.

Además anunció que “están llegando al país 1.750.000 kg de semillas para 35.000 ha, para reproducirla y luego sembrar 300.000 ha, necesarias como resultado del crecimiento del sector avícola”. Por supuesto, estamos a finales de septiembre del 2018 y aún no sabemos, ni siquiera, dónde están los casi dos millones de kg de semillas de soya que estaban llegando en febrero. No es necesario agregar nada más en relación a lo que se puede esperar del régimen, en materia agrícola en general.

Afortunadamente, existe el interés de los agricultores, ellos son los que están moviendo los hilos para el desarrollo del cultivo de la soya en Venezuela, por lo que es muy probable que ahora sí se tenga éxito en estas intenciones. Algunos productores han creado un movimiento bautizado como “La Ruta de la Soya” y asociaciones como Fedeagro, Asoportuguesa, ANCA, Fondesoya, Fundación DANAC, UCLA y otras organizaciones le están dedicando tiempo y esfuerzos al cultivo, lo cual presagia buenos resultados de este nuevo intento, de este renacer del cultivo
de la soya en el país.

Un ejemplo de este esfuerzo de la Ruta de la Soya en pro del cultivo, ha sido la celebración el pasado miércoles 26 de septiembre del inicio de la cosecha de unas 5.000 hectáreas que lograron sembrar, con escasez de recursos pero con una inmensa voluntad y amor por el campo venezolano. Quizás esto contribuya a que pasemos definitivamente de los caminos escabrosos a la autopista, que permitirá que este cultivo se propague y se asiente en nuestras tierras, en toda la extensión del territorio.

Recordemos que: SIN FERTILIZANTES es imposible producir la cantidad de alimentos que necesitamos para satisfacer los requerimientos de la población.

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Pedro Raúl Solórzano Peraza
Septiembre de 2018
www.pedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com
pedroraulsolorzano@yahoo.com

 

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