
Especial 25 Mar 2026
“Agricultura, salud y educación son las áreas en las que un país debe centrar su atención, porque cuando se produce lo que se consume, se forma a la gente y se cuida la salud de la sociedad, se asegura un futuro sostenible”.
Así piensa Rosa América Lucena Peraza, una mujer que trascendió a su época para convertirse en pionera en la biotecnología y fomentar una agricultura responsable con el ambiente, desde su condición de ingeniero forestal, docente universitaria, y, sobre todo, como ser humano sensible y consciente de que la naturaleza tiene las respuestas para controlar los desequilibrios en la producción agrícola.
Cuando pocos creían, ella creyó y su certeza no se quedó en ideas, se materializó en acciones: pensaba que la educación era el camino para transformar la agricultura y se encargó, en el aula de clases, de enseñar, con mística, sobre la necesidad e importancia de la biotecnología agroecológica. Además, creó la asignatura Lombricultura, la cual fue aprobada por el Ministerio de Educación e impartida en el sistema educativo venezolano.
Estaba convencida de que era preciso unirse para luchar por un cambio en la cultura agrícola y, junto a un grupo de profesionales, fundó la Asociación Venezolana de Productores de Biotecnología, desde la cual se dedicó a educar al productor en el manejo de soluciones naturales; acción que reforzó con el impulso a la aprobación de normas para la formulación de insumos agrícolas.
Creía, firmemente, que era necesario desarrollar productos agrícolas naturales y fundó, con sus ahorros como docente jubilada, Agroindustrias América, empresa que actualmente se dedica a generar soluciones en biotecnología, a partir de la permanente investigación.
Rosa América Lucena Peraza siente la paz que produce haber perseverado, cuando parecía que la única opción era rendirse. Hoy habla con firmeza, aunque sin magnificar sus logros, como quien sabe que cumplió con su deber. Sin embargo, quienes conocen su desempeño profesional, ciudadano y personal, reconocen en ella una líder indiscutible de la biotecnología nacional, una profesional sin dobleces y una mujer en la que converge la sublime belleza de una flor y la noble fortaleza del árbol.